Saturday 16th February 2019,
Iglesia de Dios Chile

EL SÍNDROME DE PROCUSTO EN LA PASTORAL

administrador Enero 31, 2019 Estudios Los comentarios están deshabilitados en EL SÍNDROME DE PROCUSTO EN LA PASTORAL
EL SÍNDROME DE PROCUSTO EN LA PASTORAL

En Chile se diría: “Chaqueteo” (el que entendió, entendió)

En la mitología griega, Procusto (del griego antiguo Προκρούστης Prokroústês o Procrustes, “estirador”), también llamado Damastes (“avasallador” o “controlador”), Polipemón (“muchos daños”) y Procoptas, era un bandido y posadero del Ática (o según otras versiones a las afueras de Eleusis). Se le consideraba hijo de Poseidón, y en algunas versiones era un gigante. Con su esposa Silea fue padre de Sinis.

Procusto tenía su casa en las colinas, donde ofrecía posada al viajero solitario. Allí lo invitaba a tumbarse en una cama de hierro donde, mientras el viajero dormía, lo amordazaba y ataba a las cuatro esquinas del lecho. Si la víctima era alta y su cuerpo era más largo que la cama, procedía a serrar las partes del cuerpo que sobresalían: los pies y las manos o la cabeza. Si, por el contrario, era de menor longitud que la cama, lo descoyuntaba a martillazos hasta estirarlo (de aquí viene su nombre). Según otras versiones, nadie coincidía jamás con el tamaño de la cama porque Procusto poseía dos, una muy larga y otra demasiado corta, o bien una de longitud ajustable.

Procusto continuó con su reinado de terror hasta que se encontró con el héroe Teseo, quien invirtió el juego, retando a Procusto a comprobar si su propio cuerpo encajaba con el tamaño de la cama. Cuando el posadero se hubo tumbado, Teseo lo amordazó y ató a la cama y, allí, lo torturó para «ajustarlo» como él hacía a los viajeros, cortándole a hachazos los pies y la cabeza. Matar a Procusto fue la última aventura de Teseo en su viaje desde Trecén (su aldea natal del Peloponeso) hasta Atenas (Fuente: Wikipedia).

¿QUÉ ES EL SÍNDROME DE PROCUSTO?
El síndrome de Procusto define a aquellos que, al verse superados por el talento de otros, deciden menospreciarlos. Incluso deshacerse de ellos. El miedo los lleva a vivir en una continua mediocridad, donde no avanzan ni dejan que otros lo hagan. Este fenómeno se conoce como “síndrome de Procusto” y puede afectar a personas, empresas, organizaciones o sociedades.

¿QUÉ TIPO DE PERSONAS MANIFIESTAN ESTE SÍNDROME?
1. Por lo general, el síndrome de Procusto se da en personas con un elevado nivel de frustración y poca sensación de control, teniendo una autoestima baja o lábil. En ocasiones han sufrido vejaciones y diferentes eventos estresantes y traumáticos que han provocado que duden de su propia capacidad, con lo que personas que se perciben como superiores o con posibilidades a serlo les son aversivas.

2. También puede ocurrir el caso contrario, una persona con una autoestima exagerada hasta límites casi narcisistas que vea que otros destacan y son más tenidos en cuenta que ellos mismos.

Quien ejerce esta actitud puede llevarla a cabo tanto de manera consciente como inconsciente. Mientras que los primeros tratarían directamente de producir un perjuicio a la persona sobresaliente al verse amenazados, los segundos tenderán a pensar que su punto de vista es el correcto y que son los demás quienes deben adaptarse a ella (Fuente: psicologiaymente.com/social/sindrome-procusto).

¿SE DA ESTE SÍNDROME EN EL COLEGIO PASTORAL?
La respuesta a esta pregunta ––aunque no me gusta–– es un rotundo “sí”. Yo mismo he sufrido en algunas ocasiones por ciertos “procustos”, y estoy seguro que varios de mis lectores también.

En el gremio pastoral si bien no debiera existir este tipo de comportamiento sería ingenuo negarlo. Hay pastores, líderes denominacionales, directores espirituales y toda clase de CEOS eclesiales que son presa de este síndrome, muchos de ellos no se dan cuenta (son en realidad víctimas de sí mismos), pero otros están conscientes de su accionar (deberían hacer un alto en su carrera para sanarse y luego seguir ejerciendo).

En la Biblia encontramos casos puntuales de personajes que fueron víctimas de este síndrome o lo ejercieron sobre otros.

a) José, quien era amado por su padre más que sus hermanos y quien tenía un don de interpretar sueños fue vendido por sus pares. Su túnica de colores resaltó más de la cuenta…, al menos eso pensaron los procustos que lo ultrajaron.

b) David, el humilde pastorcito de ovejas sufrió las malas acciones de un rey Saúl que padecía este síndrome y quien, sin misericordia, quiso clavarlo en la pared en varias ocasiones. Al ver que no pudo lo persiguió por los cerros con cientos de soldados para matarlo. ¿El pecado de David? Mató a 10.000 y Saúl solo a 1.000

c) Pablo, quien antes era un perseguidor de la iglesia ahora es un líder en ascenso. Pero ninguno de los apóstoles quiso reconocerlo, entrenarlo, patrocinarlo (lo aislaron). Solo Bernabé tenía la seguridad en sí mismo para ver en Saulo a un grande en crecimiento. Lo tomó y capacitó.

d) Jesús, un distinguido Rabí que no había pasado por las academias judías formales pero que sin embargo sobresalía porque “enseñaba como quien tiene autoridad”. Fue acosado, calumniado, denigrado y asesinado por quienes se sintieron intimidados por él.

¿QUÉ DICE LA BIBLIA RESPECTO A ESTE SÍNDROME?
¡Nada! al menos no específicamente (recordemos que Procusto es un personaje de la mitología griega). Sin embargo en las Sagradas Escrituras encontramos ciertas pautas que nos haría bien re-descubrir para aplicar en nuestras vidas y ministerios.

1º La característica principal de quienes ejercen liderazgo cristiano debe ser el “servicio”. Considerarnos a nosotros mismos “siervos” de los demás, esclavos de Dios (ebed Yahvé), es un acto liberador. Cristo lo declaró en Marcos 10:35-45 y dio una consigna a los suyos: “Entre vosotros no debe ser así…”. Sino más bien, “el que quiera ser grande…”.

2º Los líderes cristianos debemos considerar al otro superior a uno mismo. Esto es una paradoja en una sociedad competitiva, pero en nuestra esfera cristiana debería ser algo normal: “No hagan nada por rivalidad o por orgullo, sino con humildad, y que cada uno considere a los demás como mejores que él mismo” (Filipenses 2:3).

3º Como líderes eclesiales debemos procurar que a nuestro prójimo le vaya bien y alegrarnos cuando eso ocurra. Al hacerlo aseguraremos bendición para nosotros mismos y los demás: “Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma” (3ª Juan 1:2).

4º Debemos entender que “la iglesia de al lado no es nuestra competencia sino nuestro complemento”. Esto nos ayudará a ser libres de la envidia, la competencia. Jesús describió esto de manera fantástica en el siguiente relato: “Juan le respondió diciendo: Maestro, hemos visto a uno que en tu nombre echaba fuera demonios, pero él no nos sigue; y se lo prohibimos, porque no nos seguía. Pero Jesús dijo: No se lo prohibáis; porque ninguno hay que haga milagro en mi nombre, que luego pueda decir mal de mí. Porque el que no es contra nosotros, por nosotros es” (Marcos 9:38-40).

5º Entiende que las comparaciones tienden a ser tontas e injustas. Así entonces tu ministerio nunca será igual al de tu compañero. Él tiene sus victorias y tú también, tú tienes tus fracasos y tu vecino también los tiene. Cada uno ha sido dotado con donde únicos, la comparación produce desánimo, frustración, cansancio. Pablo dijo: “Pero a cada uno de nosotros se nos ha concedido la gracia conforme a la medida del don de Cristo” (Efesios 4:7). Usa esa gracia para glorificar a Dios, basta ya de comparar tu ministerio, tu templo, tu feligresía, tu casa, tu carro con tu compañero pastor.

6º Felicita a tu compañero/a cuando alcance logros. Esto es muy poco común en el colegio pastoral ––qué lástima––, debería ser todo lo contrario. Cuando felicitamos al otro por las metas conquistadas estamos sembrando en él una semilla que a su tiempo germinará a favor del felicitado y de quien felicita (esto es un acto de generosidad, no prives tu felicitación). ¡¿Por qué nos cuesta tanto animar a quienes están ascendiendo en su liderazgo?! La Biblia dice: “Y el que reanima a otros será reanimado” (Proverbios 11:25).

7º Si ves que tu compañero está brillando (porque tiene una iglesia más grande, un templo más bonito, un programa de radio impactante, contactos con la alcaldía o el gobierno, un ministerio fructífero en todos los sentidos, etc.) aprende de él. En vez de querer “asesinarlo” por medio de calumnias o envidias pídele que te enseñe “cómo lo hizo”; siéntate a la mesa de ese ministro y adquiere sabiduría de él. Hacer esto mostrará en ti un espíritu de aprendizaje que debe ser característica de los discípulos de Cristo: “Mi pueblo pereció por falta de conocimiento” (Oseas 4:6).

CONCLUSIÓN
Estoy consciente que los usuarios de Facebook no gustan leer más de cinco líneas, si usted llegó hasta aquí es porque el tema le interesó, espero no haber decepcionado sino contribuido.

El síndrome de Procusto en la pastoral es más común de lo que pensamos. Ante todo es importante reconocerlo en nosotros primero para luego verlo en los demás. Cuando seamos nosotros los “procustos” pidamos al Padre nos ayude a cambiar; cuando veamos esto en los demás, acerquémonos con temor y temblor a esas personas para hacerles conscientes de su actuar. Si no quieren cambiar no se preocupen, al advertirles de su conducta actuaron como atalayas, ahora es responsabilidad de ellos hacer caso o no.

Deseo terminar con un axioma antiguo pero efectivo: 

NO HAGAS A OTROS LO QUE NO TE GUSTARÍA QUE TE HICIERAN A TI ––Jesús.

42591526_290052118390652_8423105967595454464_n

by Gabriel Gil 
Enseñando habilidades para la vida

Like this Article? Share it!

About The Author

Comments are closed.